Luis “Peta” Ubiña 
 
Fue el capitán del equipo de Nacional de 1971 que ganó Copa Libertadores, Intercontinental e Interamericana.

                                                  POR LUIS INZAURRALDE  17/12/2002


Al fútbol hace años que no voy porque no me gusta escuchar cuando los hinchas insultan a los mismos jugadores que pocos días antes idolatraron. Lo viví con mi amigo Gregorio Pérez o con Bengoechea, porque los hinchas se olvidan rápido de lo que le dieron a su club y les resulta fácil insultar.

Usted fue el capitán del equipo de Nacional que levantó la copa en el último trienio de los albos en el Uruguayo. ¿Qué edad tenía en 1971?

Tenía 32 años. Déjeme hacer memoria... Pasé de Rampla a Nacional tras el Mundial de Inglaterra en 1966 y se formó un grupo tremendo.

Qué recuerda de aquella generación de futbolistas?

Que en 1971 al equipo lo dirigieron Washington Pulpa Etchamendi y el profesor Carlos Moreira, y que teníamos un señor equipo. Manga, Cubilla y Artime con tres mundiales cada uno; yo había jugado dos. Cacho Silveira estuvo en Independiente y Boca. Formábamos un equipo maduro porque promediábamos más de 25 años. Los más jóvenes eran Ancheta, Cacho Blanco y Maneiro. ¡Qué grupo bárbaro! Usted no tiene idea lo que conseguimos. Nosotros trabajábamos, jugábamos, ganamos muchos campeonatos (campeones del Mundo en 1971) y nos encargábamos de arreglar el Parque Central y Los Céspedes (que fue adquirido en 1967). Lo pintábamos y lo manteníamos prolijo.

Dicen que esa generación de Nacional fue temible.

Era un equipo que ganaba en todas las canchas, que en 1970 o 1971 consiguió siete copas seguidas y además aquel plantel de Nacional fue la base de la selección que jugó las Eliminatorias para el Mundial de 1970, porque nueve de los integrantes de la selección eran de Nacional y además estaban Manga en la de Brasil y Artime en la de Argentina. No me canso de decir que fue una generación exitosa en lo deportivo, pero que económicamente no ganó nada porque no existían Paco Casal ni Tenfield ni la televisión color.

Cambiaron los tiempos.

Nosotros fuimos toda la vida en ómnibus a entrenar al Parque Central y aunque la recompensa económica fue ínfima no me quejo porque tengo muy buenos recuerdos de aquellos años. Por ejemplo: por estos días sigo recibiendo postales de jugadores de otros países de los que fui rival. Mire esto (muestra un sobre con fotos de cuando jugaba), esto lo recibí hace unos días de Alemania. Me mandaron cuatro fotos y dos se las tengo que enviar autografiadas.

Me imagino que le tiemblan las piernas cuando recibe esto.

Son sensaciones especiales que de alguna forma reconocen todo lo que hicimos en el fútbol. No me gusta hablar en primera persona, pero estuve en el Mundial de Inglaterra y en el de México, y jugué tres Eliminatorias.

Ganó buenos premios con la selección?

No, nosotros integramos otro mundo del fútbol: por culminar cuartos en el Mundial de México nos pagaron US$ 300 de premios, que son los mismos US$ 300 de ahora, pero cuando fuimos a cobrar nos descontaron el exceso de equipaje que pagó la AUF, una camisa celeste y un traje que utilizamos durante el torneo, y un par de zapatos que donó Bagnulo. Al final nos quedaron US$ 208 para cada jugador por el cuarto puesto en un Mundial.

¿Lamenta no haber nacido 40 años después?

No, estuvo bien así. Mire, no hice plata, pero tuve gloria y una gran familia; soy una persona feliz, que intenta jubilarse.

Usted fue el intendente de Nacional hasta principios de este año. ¿Cómo recibió la noticia de que lo despedían?

Me cayó mal, porque creo que no merecía lo que me hicieron. Me dijeron que me echaban porque tenían que bajar el presupuesto y para el plantel principal contrataron a 31 futbolistas. Actualmente realizo los últimos trámites de la jubilación. De todas formas me quedó la satisfacción de que con Chengue, Lembo, los cancheros y todos los funcionarios sigo en contacto.

Volvamos al trienio. ¿Es difícil ganar tres torneos consecutivos?

Antes era mucho más difícil; ahora juegan cuatro equipos por el título (incluyo a Plaza, que me gusta como juega). Antes los campeonatos eran parejos.

¿Hay punto de comparación entre el equipo de Nacional que ganó en 1971 y el actual?

No, porque en el Nacional de la década de 1970 había cinco o seis jugadores con tres mundiales encima, todos trabajábamos ocho horas por día y después entrenábamos. Por ejemplo, yo era empleado de una fundición que hacía contrapesos para los ascensores Otis. Después de trabajar nos dedicábamos al fútbol. Cobrábamos sueldos bajos y escasos premios. Eran otros tiempos. El fútbol cambió para bien y para mal. Tome nota: fui presidente de la Mutual y capitán de la selección y de Nacional, y recién después de muchos años me pude comprar un terrenito y yo mismo construí una casita. Ahora con los premios de un campeonato los jugadores se compran autos y casas.

¿Cómo eran las concentraciones?

Inolvidables. Se hacían bromas pesadas como, por ejemplo, ponerle una bolsa en la chimenea cuando preparaban la comida en la cocina a leña y todo el humo quedaba adentro, pero siempre con el respeto que debía existir porque también nosotros mismos encerábamos los pisos y limpiábamos. Los jugadores estábamos ocho y 10 años en un club y queríamos a la institución. Era parte de nosotros. Sin embargo, en los últimos años como intendente en Los Céspedes vi cosas que no me gustaron: al otro día de la primera noche de la nueva concentración aparecieron rotos una cerradura, un vidrio y un espejo. Paré a los muchachos y les dije: “Esto lo pagan ustedes”, y en ese momento les conté lo que hacíamos nosotros cuando concentrábamos. Cómo cuidábamos todo.