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DANTE IOCCO |
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El ex presidente de Nacional, Dante Iocco, advirtió que en un futuro no lejano los clubes uruguayos que no sean gerenciados como empresas privadas no podrán sobrellevar las dificultades económicas y terminarán sucumbiendo, y dijo que "para depender menos o no depender nada" de un poder económico "ajeno a las instituciones" las mismas deben entender que necesitan contar con "su propio poder económico" y con dirigentes que, por encima del "cariño" hacia una camiseta, sean "gente de dinero, que se maneje con mentalidad empresarial y que pueda aportar soluciones económicas". En una entrevista concedida a El País en el luminoso despacho de su reciclada casa de remates en la Ciudad Vieja, Iocco admitió que no le molestaría que "una empresa o un grupo empresarial gerenciara o asumiera la explotación de Nacional" y consideró que si los clubes uruguayos se niegan a recorrer ese camino van estar "cada vez más lejos". Iocco reconoció que en las actuales circunstancias "no es fácil" para un dirigente negociar "de igual a igual" con el grupo económico que posee la ficha de los principales jugadores y los derechos de televisación del fútbol uruguayo, pero aseguró que ello "es la consecuencia natural de tener clubes económicamente débiles". "Si usted tiene clubes que son empresas y que tienen detrás a gente que los maneja como tales, esas instituciones no necesitan de ese poder económico y, cuando necesitan, pueden plantarse frente a él de otra manera. Y no para enfrentarse, sino para negociar mejor", dijo Iocco. —Hay algunos dirigentes que aseguran que cuando no lo eran vivían el fútbol con apasionamiento, y que después de verlo por dentro se volvieron más racionales y analíticos, y menos fanáticos. ¿A usted le pasó? —Creo que le pasa a la mayoría, ¿no? —¿Y por qué cree que pasa eso? ¿Porque cuando el hincha se vuelve dirigente ve cosas que desde fuera no se perciben y termina por desapasionarse? —Y... son muchas cosas. Y uno va aprendiendo... —¿A controlar la pasión? —A controlar la pasión y a ver las cosas con imparcialidad. Fíjese que yo estuve en la Asociación Uruguaya de Fútbol, en la Confederación Sudamericana de Fútbol y en la FIFA. Y aunque soy de Nacional, muchas veces tuve que actuar en representación de varios clubes. Y eso fue posible porque algunas personas pensaron que yo podía ser una garantía de objetividad, de imparcialidad. —¿Y cómo puedo ser el mismo después de eso? ¿Cómo puede uno después, por más que quiera a un club, trabaje para él y defienda sus intereses, ser tan ciego como para no ver más allá de la pasión? —Uno tiene que actuar con imparcialidad. Y cuando lo hace, uno cambia. Y de esa manera, entiendo que también prestigio a Nacional, que ha sido a través de su rica historia y de los inolvidables dirigentes que ha tenido, el gran líder asociacionista, como decano que es. —Pero más allá de ese cambio, que es natural y saludable, ¿se desilusionó cuando llegó al fútbol y vio lo que en realidad era por dentro el deporte al que había aprendido a amar desde fuera? —Sí, es verdad. Pero uno debe adecuarse a los tiempos. —¿Por qué? —Porque el fútbol ha cambiado mucho. —¿Lo cambió el dinero? —Bueno, no descubro nada si digo que los factores económicos han transformado el fútbol. Y no estoy hablando de que lo hayan distorsionado. Simplemente digo que el fútbol de hoy no es el de antes. Y que para una persona como yo, de origen amateur, hay muchas cosas que no siempre son fáciles de comprender y de aceptar. —¿Como cuáles? ¿Como que sin recursos propios y sin alguien que aporte el dinero que se necesita o los jugadores que se pretenden no bastan la capacidad, el trabajo y las buenas intenciones a la hora de presidir una institución? —Como que cuando una persona asume la responsabilidad de ser dirigente de un club tiene que tener claro que del umbral de la sede para afuera debe incentivar la mística, que es lo que ha hecho grande a ese club y lo que hace que miles de personas sigan a esa camiseta, pero que del umbral para adentro tiene que manejar a la institución a la que ama como si se tratara de una empresa. Así de fácil. —¿Y a usted le resultó fácil adaptarse a esa nueva realidad? —No. Pero el tiempo y los golpes le demuestran a uno que esa es la salida. —¿Y usted cree que, además de ser administrados como empresas, los clubes uruguayos deberían ser gerenciados por empresas o grupos empresariales como sucede en otras partes del mundo? —Sí. Lo creo firmemente. Y respetuoso como soy de la historia de Nacional y de su mística, le confieso que no me molestaría que una empresa o un grupo empresarial gerenciara o asumiera la explotación de Nacional. —¿No? —No. Y yo sé que este concepto, el de "fútbol-empresa", tiene sus defensores y tiene sus detractores. Y yo respeto todas las opiniones, porque nunca me he creído el dueño de la verdad. Pero hablo desde mi experiencia y a partir de lo que he visto acá y en el exterior. Y aunque no he perdido el espíritu amateur, tengo que saber adaptarme a las circunstancias y al presente. —¿Usted cree que los clubes uruguayos, incluidos los equipos grandes, deberían transitar por ese camino? —No tengo dudas. Es más, estoy convencido que en el futuro cercano cualquier institución del medio cuya comisión directiva esté integrada solamente por personas de muy buena voluntad y de enorme cariño por el club no podrá sobrellevar las dificultades económicas que tendrá que enfrentar y terminará sucumbiendo. —¿Por qué lo dice? —Porque por más cariño que todos los integrantes de una comisión directiva le tengan a una institución, si a la hora de contratar, pactar sueldos, primas y premios, y elaborar el presupuesto no actúan con mentalidad empresarial, el fracaso llegará tarde o temprano. —¿Está diciendo que en una comisión directiva tiene que haber empresarios en lugar de hinchas? —Estoy diciendo que puede haber dos o tres dirigentes, a lo sumo, que no puedan despojarse fácilmente de su papel de hinchas, pero que la base, la mayoría, tiene que ser gente de dinero, que se maneje con mentalidad empresarial y que pueda aportar soluciones económicas. —El presidente de Peñarol se queja casi a diario de que en su institución todos los directivos proponen contratar y agrandar el presupuesto pero luego nadie aparece con las soluciones económicas que viabilicen esas erogaciones. —Lo sé. Y comparto ciento por ciento el razonamiento del contador (José Pedro) Damiani. —El presidente de Peñarol también se queja del daño que, en medio de un fútbol cada día más empobrecido, los representantes de los jugadores le están haciendo a los clubes uruguayos. ¿Usted lo ve de la misma forma? —Le confieso que no. ¿Y sabe por qué? Porque si uno mira el presente se tiene que dar cuenta que los representantes desempeñan hoy una función adaptada al medio y al fútbol en el que estamos viviendo. Porque ya no vivimos en los años cuarenta o cincuenta, cuando los grandes y algunos equipos menores podían comprar a grandes jugadores argentinos, brasileños o paraguayos. Pero hoy eso no se puede. Y hay que admitir que ya no se puede. —Pero cuando el club no puede, por lo general aparece un grupo empresarial que, bajo determinadas condiciones, es capaz de acercar a la institución a uno o más jugadores que, en otras circunstancias, serían inalcanzables. —Es cierto. Y creo que uno no tiene que cerrarse ni afirmar que todos los negocios que puede ofrecer un representante son malos. Porque yo estuve en Nacional e hice muy buenos negocios para el club, entre otros con el Grupo Casal. —Pero usted sigue creyendo que la solución no pasa porque un único grupo económico provea de las soluciones económicas a todos los clubes, sino que cada institución se maneje como una empresa. —Exacto. Y creo que va a haber que caminar hacia eso. —¿Y si el fútbol uruguayo se niega a seguir ese camino? —Vamos a estar cada vez más lejos. —¿De los primeros planos? —Del mundo real. Si los demás países gerencian los clubes como empresas y nosotros nos seguimos negando, vamos a perder cada vez más distancia. —¿Y con ese cambio alcanza? —Es que ese cambio de mentalidad nos va a llevar de la mano a otras cosas. ¿O a usted le parece que si se gerencian los clubes como empresas y el fútbol pasa a ser un negocio en lugar de un pasatiempo es admisible que hayan 18 equipos en Primera División? ¿A usted le parece? —¿Usted cree que hay que bajar el número de clubes? —Sí. —¿A cuántos? —A diez, incluyendo a los equipos del Interior. Y esto, que he dicho siempre, ya lo decían Nacional y Peñarol en un documento que presentaron en 1940, a apenas ocho años de haberse instaurado el profesionalismo, para reestructurar el fútbol y devolverle el interés. Y uno no advierte que en estos más de sesenta años haya existido una explosión demográfica que los justifique. Por eso sigo creyendo que la solución pasa por bajar el número de clubes. —Pero la empresa que tiene los derechos de la televisación del fútbol quiere que haya más equipos, porque a más equipos más partidos televisados. Y los dirigentes de los clubes menores saben que, a menos equipos en Primera División, más probabilidad hay de que la institución de sus amores pierda la categoría y descienda. —Sí, eso es así. Pero no se dan cuenta que con 18 clubes el fútbol no puede subsistir. —¿Por qué? —Porque no hay para todos. Porque no se puede vivir en un régimen profesional vendiendo 200 o 300 entradas. Porque no es justo que un club que vende 200 entradas tenga un voto en la Asociación Uruguaya de Fútbol que valga lo mismo que el de Nacional o Peñarol. Y porque lo más grave es que para que esos clubes subsistan, hay dirigentes que se endeudan y pierden su patrimonio, y hasta comprometen su futuro. Y al final, el club que sea inviable como empresa va a desaparecer. —¿Y la televisión? ¿Pueden los clubes ir contra la empresa que posee los derechos de televisión cuando económicamente son absolutamente dependientes del grupo económico que la creó? —No. Y eso lo acepto. Pero por eso es que planteo la necesidad de que los clubes tengan su propio poder económico, para depender menos o no depender nada de un poder económico ajeno a las instituciones. —¿Y pueden no depender los clubes de un poder económico que hoy tiene los derechos de televisión, posee las fichas de los principales jugadores uruguayos y es el principal acreedor de casi todas las instituciones del medio? —Bueno, admitamos que no es fácil en esas condiciones negociar de igual a igual. Pero yo no creo que eso sea culpa de ese poder económico. —¿Es culpa de los clubes? —Es la consecuencia natural de tener clubes económicamente débiles. Porque si usted tiene clubes que son empresas y que tienen detrás a gente que los maneja como tales, esas instituciones no necesitan de ese poder económico y, cuando necesitan, pueden plantarse frente a él de otra manera. Y no para enfrentarse, sino para negociar mejor. Y no sólo con un representante, sino por ejemplo con quienes utilizan su imagen. ¿O es justo que todos vendan camisetas de Nacional y Peñarol, y muchos productos más con la marca y el escudo de los clubes, y las instituciones que generaron la mística no se lleven un peso por todo eso? Y eso también hay que manejarlo como lo manejaría una empresa. Porque eso es un fútbol profesional. —¿Y el fútbol uruguayo actual qué es? —Bueno, hay una ilusión de que es un fútbol profesional. Y así estamos, ¿no? Los contratos y la pasión Como socio, ¿le preocupa la situación económica por la que ha venido atravesando Nacional? —No, porque yo tengo confianza en los dirigentes del club y porque sé que el pasivo, con ser importante, no alcanza para comprometer el futuro del club. —¿No? —No, porque Nacional es una institución que tiene un gran patrimonio inmobiliario, producto de la visión de sus dirigentes históricos, y ha tenido en los actuales dirigentes y en la asamblea de socios la prudencia que un club necesita para no vender ese patrimonio en medio de la necesidad. Y ese es un respaldo importante. Y con eso no estoy diciendo que no haya que ser juicioso en las erogaciones que se realizan. —¿No hay que contratar al influjo de la pasión? —No, aunque no siempre es fácil sustraerse a esa pasión. —Y cuando usted llegó a Nacional en 1998, y el hincha reclamaba nuevos jugadores para cortar un eventual sexenio de Peñarol, ¿no siente que se hicieron contrataciones al influjo de la pasión? —Sí, podría ser que hayamos cometido ese error. Lo que pasa es que luego uno se da cuenta del costo que tienen esos errores y aprende a no repetirlos. Los rezongos de Damiani ¿Cómo era su relación con el contador Damiani cuando usted presidía a Nacional? —Excelente. Hablábamos mucho y bueno... algún rezongo me pegaba (se ríe). —¿Por qué lo rezongaba? —Y... no tengo que decirle que aunque vemos muchas cosas de la misma forma, somos dos personas de estilos muy distintos. Y a veces a él no le gustaba mi estilo y me lo decía de frente, como es él. Pero siempre nos llevamos bárbaro. |