A manera de biografía


 
Abdón Porte, tío de una gloria de Nacional y del fútbol uruguayo como Roberto Porta, se inició en las actividades de la primera división en el Club Colón, entidad a la que perteneció Foglino, Levrato y otros excelentes jugadores. De aquélla entidad pasó al Libertad,  entidad que dejó en 1911 para aliarse definitivamente en el team de Nacional.

  Titular indiscutido durante siete años jugando de centro half,  jugó con la tricolor en el pecho 207 partidos. Era un típico hombre defensivo de estilo combativo. 
Hincha a muerte de Nacional, el día 5 de marzo de 1918 fue protagonista de un hecho lamentable que aún hoy recordamos con respeto y recogimiento.

En el centro de la cancha del Parque Central, donde tantas veces se retiró triunfador, se disparó un tiro acabando con su vida.

Los diarios de la época informaban de esta forma la trágica noticia.

Como ocurrió el hecho

Hasta la una de la mañana del día de ayer, Abdón Porte estuvo en la sede social del Club Nacional de Football. Después de esa hora y averiguado el instante en que pasaba el último tren con destino a la Unión, el footboller abandonó el local, despidiéndose con naturalidad de sus camaradas de círculo, para dirigirse al field del Parque Central.

  De acuerdo con atinadas presunciones, Porte distrajo el tiempo necesario para llegar al viejo ground y realizar rápidamente su intento. Es decir, el suicidio se efectuó a las dos de la mañana. Justifica ese aserto la declaración de algunas personas que viven en las adyacencias del campo, que aseguran haber sentido a esa hora una detonación.

  Recién a las seis de la mañana uno de los empleados que tiene el Montevideo Tenis, Institución ésta también locataria del Parque, notó que en el mismo centro del field se encontraba un hombre en posición de cubito dorsal. Al principio no le preocupo el hecho, pero en la nueva recorrida, viendo la inmovilidad del cuerpo, no obstante haberse iniciado una pequeña lluvia, acentuó más su atención, llegando así al centro del campo. Poco tuvo que hacer el referido empleado que conocía al jugador del Nacional.

  El revolver que yacía al lado del cuerpo, ya ensangrentado, le dio al investigador toda la magnitud del suceso. El tiro había dado de lleno en el corazón, produciendo, como es de presumir, una muerte instantánea. Movido el cuerpo, se encontró a su lado un sombrero de paja, bajo el cual Porte había colocado dos cartas: una dirigida al presidente del Club Nacional y la restante, a un miembro de su familia.

  Tales son los hechos que han rodeado la desaparición del sentido jugador. En ninguna de las cartas referidas, concreta el motivo de su determinación. Es pues, lo más aceptable, creer que se trata de un momento irreflexivo, provocado por una enfermedad de carácter nervioso.

                                             
La carta

  Porte ha dejado la siguiente carta para el Doctor José Maria Delgado, Presidente del Club Nacional de Football.

 
“Querido Doctor Don José Maria Delgado. Le pido a usted y demás compañeros de Comisión que hagan por mí como yo hice por ustedes: hagan por mi familia y por mi querida madre. 
Adiós querido amigo de la vida  Abdón Porte.

              Nacional aunque en polvo convertido
              Y en polvo siempre amante.
              No olvidaré un instante
              Lo mucho que te he querido
              Adiós para siempre.
              En el Cementerio de la Teja con Bolívar y Carlitos      

Se refiere a los hermanos Céspedes, muertos años atrás víctimas de la viruela


                                           Su fallecimiento

  El Club Nacional de Football ha tenido que detener imperiosamente el paso del vencedor.  Durante largos años sólo ha reinado allí, en sus filas, soplos de éxito y felicidad. Los campeones por mas de un lustro, han conquistado lo máximo dentro de lo que del orden humano se puede ambicionar. Pocas entidades deportivas pueden haber formado anales más ricos y brillantes que los que han creado esos campeones que desde 1912 han tenido de inseparable camarada a la victoria.

  Pero dentro del proceso natural el éxito y la felicidad son circunstancias efímeras y pasajeras. Llegan a su hora los contrastes. Para cada paso obtenido, viene una decepción, una amargura una de esas situaciones fatales, que reclaman verdades pruebas del carácter. Nacional no podía escapar a la dura ley. En la mañana de hoy ha desaparecido en la forma más trágica una de sus altas figuras, formidable columna, con sus rasgos característicos y con una personalidad indiscutible dentro del deportismo rioplatense. 
  Abdón Porte, ese representante de una nueva guardia que debió consolidar los prestigios y ahuyentar las amenazas de aquellos que querían terminar con la vida de una institución que había nacido para ser grande, ha muerto

  Dentro de ese viejo gremio, allí donde centenas de campeones nos han brindado horas triunfales, allí donde el mismo Porte fue en muchas tardes el ídolo de sus parciales, en el campo de acción testigo de su coraje extraordinario, se ha quitado la vida, vida que se agotó entusiastamente en los instantes en que para vencer había que colocar el corazón muy alto.

  La ya irremediable como fatal decisión sólo da ambiente para la conmiseración y el dolor más profundo. Es que descartando ese natural sentimiento de piedad, que provoca la desaparición definitiva de los que se van, la muerte se magnifica cuando llega a los hombres jóvenes a hombres que los hemos visto reinar y culminar en pruebas, en las que solo se podía llegar al final en virtud de condiciones extraordinarias de vitalidad.

  Por eso la desaparición de Abdón Porte nos anonada y desconcierta. Nacional pierde a uno de sus bravos, de espíritu entusiasta y batallador. Se va con el “indio” –como familiarmente le llaman sus camaradas-uno de los footbollers de aquel conjunto que en 1911 llegó a las filas a levantar y apuntar lo que iba tomando proporciones de desastre.

  Para Nacional la desaparición representa eso; el alejamiento de quien llegó al desastre, en el momento en que todo era una loca retirada, en el año en que nadie aseguraba la existencia de la institución.

  De su vida y de sus sacrificios dependió en más de una cita formidable, el triunfo del campeón. Así fue como llegó el convencimiento, cuando Porte por circunstancias imperiosas no llegó al encuentro, de que la vida de Nacional estaba ligada a esa colosal figura, que ésta era importante para la entidad, que el puesto que dejaba el ausente quedaba en blanco sin sustitución ni reemplazante.

  No en balde se coreó su nombre y se le aclamó frenéticamente. Para el viejo Parque Central el nombre de Porte era familiar. Él había vibrado entusiastamente por todos sus ámbitos en señal inequívoca de que el club de los Céspedes era el suyo. Si el ejemplo, si la enseñanza, si el sacrificio, no es algo que se va definitivamente con la materia, es entonces la hora de decir que Porte deja una escuela de principios dentro del orden sportivo.

  Nacional pierde a todo un luchador, pierde al creador de cien victorias, en parte a uno de los que llegó justo para levantar y dar alma a lo que parecía que no tenía razón de existir.

  En adelante, de lo que aún queda por recorrer, llegaran días triunfales y horas decepcionantes. Para estas últimas, estamos seguros que Nacional tendrá una panacea: la devoción, el recuerdo, de ese coloso que se llamó Porte, de esa figura central, sin la cual Nacional no contó con fuerzas y energías para levantarse y vencer.  

  Horacio Quiroga se inspiró en este hecho para escribir un cuento corto que llamó "Juan Polti" publicado en 1918 en la revista argentina "Atlántida". 
  
  Posiblemente llegara a su conocimiento por intermedio del Dr. José María Delgado, Presidente de Nacional y salteño como Quiroga.