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Publicado en Tenfiedigital Escribe Joselo Gonzalez |
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"Si acá somos guapos, en el mundo
¿qué somos?" pregunta Hugo De León. "¿Cuál es el
adjetivo contrario a 'guapos'?, porque hace doce
años que no vamos a los mundiales ni ganamos
torneo alguno a nivel
internacional". Decía el Pepe Sasía que el Hugo De León no era lento. "Juega a la velocidad que necesita" decía el Pepe, "y es crack, porque crack son los que ven toda la cancha". Tampoco cuando habla es lento, al contrario, da la impresión que lo que dice ya lo tenía pensado. Pero habla poco, sólo lo que necesita, como lo que corría en la cancha, a veces es parco, por momentos lacónico. Eso sí, analizando el fútbol, ahora que es director técnico, sigue viendo toda la cancha. Y hay que ver que la cancha ya no se le termina en los límites del campo de juego. Nos sentamos a la mesa más alejada de la puerta en el comedor de Los Céspedes, donde Nacional está concentrado para un partido que esta noche lo enfrentará a un equipo del Brasil. No estoy muy seguro de que para el estilo del Hugo este sea un partido internacional. ¿A cuánto llega la influencia brasileña en un jugador riverense, Hugo? Es total. El fútbol en Rivera es totalmente al estilo brasilero. ¿Y ese estilo en qué se diferencia del fútbol uruguayo? Es el fútbol arte contra el fútbol fuerza. Los que somos de la frontera jugamos al fútbol arte, al fútbol del buen manejo del balón. El fútbol brasilero se caracteriza por jugar con la pelota. En Uruguay es el fútbol fuerza, el fútbol lucha. ¿De niño vos cuál fútbol veías? El brasilero. Veíamos por la televisión todos los equipos, los campeonatos, las selecciones. Tenía como referente el estilo de ellos. Me gustaba cómo jugaban. ¿Qué equipos? Lógicamente los que más veía era los grandes equipos y las selecciones porque son los que tienen mayor convocatoria. ¿Algún jugador en especial? No. ¿Y a Nacional lo veías? Lo escuchaba por radio y cuando éramos chicos, vinimos a ver algún clásico a Montevideo. Con esa identidad futbolística brasilera, cuándo llegás a Montevideo, al fútbol estilo uruguayo, ¿te cuesta adaptarte, te crea dificultades? No, porque no me adapté. Yo no cambié nada. Seguí jugando igual, a mi estilo, a la manera que a mí me gusta jugar. Se dio la coincidencia de que llegaste a una selección juvenil, la de Bentancur y Gesto, que sintonizaba ese estilo ¿no? Sí, sí, a Bentancur le gustaba el buen fútbol. Tenía esa escuela. No sé si de él particular o por Danubio. Danubio siempre ha jugado así. Yo en esa selección era suplente, jugué pocos partidos, pero el estilo era el buen fútbol. ¿Y en Nacional? Acá me costó que entendieran mi estilo. No les gustaba, porque según ellos era muy peligroso. Pero cuando vieron que yo era seguro en lo que se hacía, se fueron acostumbrando. Al principio, cuando debuté, la gente me pedía que la sacara de punta y para adelante, que no la dominara ni saliera jugando, porque no era el estilo. Yo cuando le tenía que pegar de punta y para adelante lo hacía, pero cuando podía jugar, jugaba y la hinchada se pone muy nerviosa cuando la pelota anda cerca de su arco. Y tampoco a los entrenadores les gustaba que yo no la sacara rápido, hasta que se dieron cuenta que yo era seguro en lo que hacía, que no estaba arriesgando; al contrario, ese estilo me daba seguridad. Con Gesto nació en la juvenil una relación que se ha mantenido. Sí. Varias veces nos hemos reencontrado en el trabajo y fuera del campo profesional también tenemos una relación de amistad. Muy joven, 22 años, pero ya consagrado con todos lo títulos a que se puede aspirar en lo local, uruguayo, Copa América en Venezuela, Libertadores, Mundialito, emigrás a Brasil, aunque en tu mapa futbolístico no sea precisamente una emigración, me parece. ¿Qué te agregó o qué te cambió el fútbol brasilero? Cambiar nada. Brasil me reconfirmó en el fútbol que me gustaba y me enseñó a jugar mucho más, y a valorizar mucho más, el estilo que ellos juegan y a aprender mucho más de lo que ya sabía. Me maduró como jugador y me afirmé en mis condiciones como futbolista para el resto de mi carrera. EL CUENTO DE LA VICTORIA Hay ciclos que se reiteran contigo, Gesto y Julio César Morales, vueltas que se repiten en circunstancias parecidas y con los mismos resultados. Llegan a Nacional en momentos malos, hacen una espiral ascendente. Campeones de todo el 80. Volvés para el 88 en otro momento difícil, de manera idéntica a como había vuelto Julio en el 80, después de haber ganado todo en el 71 y haber triunfado largamente en el exterior. Ganás todo de nuevo en el 88-89 y ahora volvés con Gesto en otro momento dificilísimo de Nacional. ¿Estas vueltas en espiral tan similares, estos procesos que se reflejan en espejos, son una constante de tu relación con Nacional, notás esa continuidad? Sí. Ha habido una continuidad y las vueltas mías me han tocado siempre en los momentos difíciles de Nacional. Pero por las circunstancias. Justo se me daba en los momentos difíciles. Nadie va a elegir los momentos más difíciles. Pero se daban las circunstancias y como ésta es mi casa y la conozco, tuve que volver a participar de otro ciclo de esos que decís. Ojalá vengamos en algún otro momento en que las cosas no estén tan difíciles. Tu relación con Iocco, como jugador, como técnico, también ha estado en esos espejos. Siempre ha sido una relación normal. Yo no era el técnico elegido por Iocco. El técnico que quería Iocco era otro. Después me apoyó y en este último año, esta última renovación mía, es cuando más se convenció de lo que yo era para Nacional. Luchó parejo con quienes ya me defendían desde que me trajeron. Pero hemos tenido siempre una relación normal. Por ese estilo brasileño del que hablabas, el del fútbol-arte, ¿te cuesta mucho insertarte como técnico en el fútbol uruguayo que caracterizaste como fútbol-lucha? No. Porque al jugador le gusta jugar. Lucha si le decís que luche. Pero ¿a cuál no le gusta manejar bien el balón y hacer lo que se está viendo ahora todo el día en la televisión? Porque para algunos lamentablemente, hoy la televisión les pregunta ¿a qué estás jugando vos? Antes no teníamos televisión o no veíamos partidos de todo el mundo. Pero hoy se puede engañar solo un ciego. Está el fútbol de todos los países y se ve todos los días cómo se juega. ¿Creés que el fútbol uruguayo puede cambiar de estilo? Todo está en predisponerse a cambiar. Pero hay que decir la verdad; ese es el gran problema. ¿Cómo pasan hoy los que apoyaban el antifútbol, a decir que nuestro fútbol es todo lo contrario a lo que se juega por ahí? Algunos tienen que sacarse la máscara del negocio del fútbol y decir, "bueno, tenemos que cambiar, porque esto no es así, esto funciona de otra manera, tenemos que jugar a otra cosa. Esto no da para más, tenemos que tener mejores canchas para jugar de otra manera". Los que durante años vienen diciendo que este fútbol es de guapos y resulta que cuando salimos hace doce años que no ganamos un título. Cambiar es fácil; pero hay que empezar por decir la verdad. Hay que decirle la verdad a la gente. ¿Te referís al periodismo? El que maneja la opinión de la gente que va a la cancha es el periodismo. El noventa por ciento de los que van a la cancha lleva la imagen de alguien al que escucha. Y son muchos los que hacen el cuento de la victoria. Pero no todas las veces el que perdió, en realidad, fue el peor. Pero hay que convivir con el cuento de la victoria. El discurso de la victoria, de acuerdo a cómo fue el partido, puede decir la verdad de lo que sucedió o no. Podés ganar un partido sin merecerlo y al otro día ponen que ganaste porque tuviste más coraje, todo ese cuento que hacen. Porque en este país, cuando ganás sos guapo. No se han dado cuenta que si hace doce años que no vamos a un mundial ni ganamos un torneo internacional, en esa jerga de guapeza ¿cómo quedamos catalogados? No sé cuál será el adjetivo contrario a "guapos". Pero si acá somos guapos, en el mundo ¿qué somos? O será que la guapeza es una cosa que funciona a nivel local, pero a nivel internacional no funciona. Con los medios que nos movemos hoy, tener que seguir escuchando esas barbaridades de gente muy corta, en pleno 2000, y que todavía haya gente que se convenza de que esos calificativos son verdad, es lamentable. Con diez años de perspectiva ¿cómo analizás la selección de Tabárez y Gesto que nos llevó a Italia? Un gran proceso con un gran trabajo. Lamentablemente no pudimos llegar más lejos en el Mundial por las circunstancias que tiene el fútbol, pero tengo el mejor recuerdo de todo el trabajo, del grupo que se formó y la insatisfacción de no haber podido llegar más lejos. Pero así como nosotros, no llegaron otros y tengo la satisfacción de que hicimos todo lo posible. ¿Fue el comienzo de los problemas con la prensa? Siempre hubo momentos en que las selecciones tuvieron problemas con la prensa. Aquel fue uno más. Invadieron temas de la privacidad de la selección y se rompió el hilo. Hicieron campaña sobre cosas que tenían que arreglar los jugadores con la dirigencia del fútbol. Porque nadie se mete en cómo los periodistas se relacionan con sus patrones y cómo se les pagan las cosas. No entiendo por qué en aquel momento, ellos hicieron campaña en contra de los jugadores por un tema que es incumbencia y resorte de la Asociación que paga y de los jugadores, nada más. A partir de ahí se apartaron. Quedó la selección por un lado y muchos periodistas por otro. Eso generó una oposición en el campo periodístico. Sí. Se volvieron opositores. ¿Esa oposición te generó problemas para el futuro? ¿Notás que quedaste estigmatizado? Siguió en aumento. Después ya estaban en la vereda de enfrente y dijeron muchas falsedades sobre aquella selección. Se publicaron muchas mentiras, sucesos que no habían sucedido. Lógicamente, futbolistas que están tanto tiempo tratando de defender al país, al ver sus nombres manoseados por gente que sabe la verdad, intentan defenderse. Pero una mentira repetida veinte veces se vuelve una verdad. Los que la manejan lo saben. Y ante ese manejo, se distanciaron más las partes. Después vino la huelga y vos, en particular, tuviste otro enfrentamiento. Porque cuando se votó la huelga, la prensa me anotó que de los 240 votos yo tuve 240, cuando en realidad votaron 240 jugadores y mi voto fue 1. Pero durante un mes le pasaron a la gente que la huelga la había organizado yo. Entonces terminado el tema de la huelga, a los medios poderosos que se creen los dueños de la verdad no les hablé más. Lamentablemente, por ser diplomático, cuando regresé a Nacional, les volví a hablar a muchos medios, a los que hoy ya no les hablo más tampoco. No sólo por ese tema, sino porque son malos profesionales y son partidarios vox populi, dentro de sus programas, del equipo que es mi rival. Yo hablo sólo con algunos periodistas que considero que son profesionales y a los que considero que no son profesionales no les hablo más. Porque son gente que como maneja los medios y tiene poder se piensa que son los dueños de la verdad. Es tanto el ego que sienten atrás de una cámara o un micrófono, que se confunden, se comen el cuento de su personaje y el personaje del fútbol es el jugador. Ellos son personajes del negocio del fútbol, que es totalmente diferente. Evidentemente, vos decís las cosas de manera muy frontal y sin preocuparte por las repercusiones que tengan tus dichos. También tus opiniones sobre Casal y tu relación con él han tenido repercusiones en la posición de la prensa respecto a vos y en el entorno de Nacional. ¿Cómo las viviste? Yo soy amigo de Casal. Hasta el día de hoy no me ha representado nunca. ¿Cuándo fuiste al exterior tampoco? Nunca. Soy de las excepciones. Como jugador y entrenador que hace veinte años que estoy con él nunca fui representado por él. Porque no pudo hacer un negocio grande como quiso hacer para mí. Hasta en algún momento yo le dije que me servía un negocio chico. Soy amigo de él, fuera de todo lo que es el negocio que él maneja. Y los amigos los elijo yo. También es una opción mía decir quiénes son mis amigos y quienes no, independientemente del equipo que sean hinchas o del partido político que sean. ¿Cómo ha sido tu relación con él desde que sos técnico de Nacional? Nos vemos, creo que dos veces al año. Una en verano cuando él está más tiempo en el Uruguay, donde hemos tenido alguna reunión para ver si me puede acercar algún jugador y después un par de veces que me puedo cruzar con él durante el año. Así que en realidad tenemos muy poco contacto anual, pero desde hace muchos años, porque siempre nos hemos visto muy poco, a no ser en la época que estábamos en la selección y viajó con nosotros, cuando estábamos más tiempo. Pero después, en la vorágine de su negocio, él está muy poco tiempo en el Uruguay y yo estoy haciendo mis cosas. La elección de Passarella para la selección te mereció reparos. No. No sólo nunca tuve reparos, sino que nunca dije nada. Lo único que antes de nombrado el técnico, si en algún momento me preguntaban quién creía yo que tenía que ser el técnico, contestaba que el técnico que a mí me gustaba era Tabárez, creo que el que está más capacitado por todo lo que ha vivido y la experiencia que tiene es Tabárez , pero nunca hablé de ningún otro entrenador. Pero si pusieron en boca mía que yo hablé de otro entrenador es mentira. Nunca hablo si no trabajé con él. Primero, por filosofía de vida, y si me tomé el atrevimiento de poder hablar y de poder creer que Tabárez debía ser el hombre es porque trabajé con él. Pero del resto de los entrenadores no hablé de ninguno. No me meto para nada en el trabajo de nadie cuando no participo. Como jugador no me gustaba opinar de los otros y como entrenador no opino de nadie. Que cada uno haga su trabajo y que lo juzguen sus dirigentes, su equipo, su hinchada, los que pueden. Yo no estoy para juzgar a nadie, ni en la profesión ni en la vida, a nadie. ¿Y a vos cómo te juzga la hinchada? ¿Cómo es esa relación? Siempre he tenido muy buena relación con la hinchada. Siempre. En el momento que Passarella dijo que renunciaría, te preguntaron si agarrarías la selección y dijiste que no. ¿No era el momento? No. Yo lo que dije es que no me veía en la selección, porque no había el ambiente para que yo trabajara en la selección. ¿Cómo puedo trabajar en un lugar que todos son contra De León? ¿Cómo voy a trabajar en un ambiente que es contrario a mi manera de vivir y de ser profesional? Por eso nunca me vi. ¿Entrar en la selección para tener a todos en contra? No. Sin embargo esta es la única vez que están todos a favor de la selección. Nunca la selección tuvo tanto apoyo como ahora. Está todo el entorno, que todos conocemos, y sabemos por qué tiene este apoyo. Pero no importa. En definitiva la selección, los jugadores, tienen todo el apoyo, que es lo que interesa, que la gente que va al estadio sea de Uruguay, que apoye hasta último momento y no que cuando la agarra uno de Nacional chifle el de Peñarol y viceversa, esa barbaridad que existe nada más que en este fútbol y nos hace de mentalidad muy pequeña e incentivada todavía para que sea más pequeña. Pero hoy por hoy, la selección está viviendo un proceso con un apoyo que ningún otro entrenador tuvo. Eso es positivo. ¿No va a ser? ¿Preguntale a los jugadores? El que va a silbar, que no vaya. Al que le molesta que esté un jugador de Nacional o de Peñarol, que no vaya a ver la selección, que se quede a verla por televisión o salga a pasear con su señora. Al jugador hay que apoyarlo y hay que apoyarlo en las buenas y en las malas. Acá hay una equivocación. Somos uruguayos todos, solo si ganamos. Si perdemos son solo los que jugaron los que quedan uruguayos y nosotros no se cuál es la nacionalidad que tenemos. No sabemos las reglas de juego de la vida. Pero si se le dice la verdad a la gente, el ambiente se hace más agradable. Si no el hincha se va cargando ese dolor y todavía tiene que escuchar la agresión de algún hincha que no entiende lo que es el fútbol. Sale liquidado anímicamente, porque hay algunos que no entienden el esfuerzo y no entienden cómo es el juego. Al no conocer, esos hinchas se creen que porque uno también es hincha está obligado a ganar siempre. No razonan. Porque el hincha fanático no razona. Al gran dolor del futbolista que pierde en la cancha y cuando sale con esa mufa, es agredido a veces, se suma que al otro día tiene que leer lo que se escribe sobre él y escuchar lo que se comenta muchas veces injustamente. Hacés el curso de entrenador en Brasil y estás parado cuatro años. ¿No se daban las condiciones para trabajar en Nacional? Yo no trabajé porque no quise. Nacional me vino a buscar cuatro o cinco veces en ese período en que yo estaba parado y siempre le dije que no. ¿Por qué no quisiste? Porque no era el momento. Consideré que no era el momento de volver ni de agarrar a Nacional. Parar, aunque en realidad no fue parar, fue una opción mía. Mejor dicho, fue una opción mía decidir cuándo, cómo, dónde y con qué equipo empezaba, porque yo todavía no había empezado a trabajar como entrenador. Hice la opción de empezar en Brasil y con un equipo de segunda. No entiendo... Y en Brasil nadie entendía que yo optara por trabajar en un equipo de segunda cuando había tenido ofrecimientos de un equipo grande. Pero yo consideré que no era mi momento en Nacional y cuando me surgió Brasil, que adoro Brasil, no me importaba empezar por el equipo que fuera. Quería estar de nuevo dentro del fútbol brasilero. No me importaba en qué equipo. Ellos pensaban que les estaba mintiendo. A nadie en su sano juicio le puede caber, que se prefiera trabajar en un equipo de segunda antes que en un grande. Pero en la vida tomo mis decisiones de acuerdo a lo que me parece más conveniente y entendí que era actuar de esa manera. ¿Y llegás a Nacional en el momento justo? Sí. Llego en el momento justo porque, aparte de que era mi momento, me pude juntar con quien nos habíamos hablado para reencontrarnos en el trabajo, que era Gesto. Se unió todo: mi momento, una directiva nueva, me reencontraba con Gesto y en un proceso que arrancaba. Se dio todo. No hiciste el curso de entrenador ¿esa también fue una opción tuya o no pudiste por alguna razón? ¿De qué curso hablás vos? Del curso del Isef. Esa fue una opción mía. Opté por hacer un curso en Brasil, donde había estado jugando y allí lo hice. Fue mi opción. Yo soy de la escuela brasilera y elijo la escuela donde quiero aprender. Si yo pago, elijo qué curso me van a dar. A mí nadie me va a decir quién me va a enseñar. Pudiendo pagar y elegir, pago. No fue gratuito. Como soy un enamorado de la escuela brasilera y hay justo un curso para entrenadores del exterior de la escuela brasilera, opté por seguir ese curso. No tengo nada contra el curso de acá. El que lo quiera aprender que lo aprenda. Es otra opción. Hay algunos que hacen carrera en Estados Unidos o en otro lado, porque tienen condiciones para hacerlo o les parecerá que es mejor el curso en un lado que en otro y entonces optan. Cursos dan en todos lados. Cada uno lo hace donde quiere. ¿La actitud de Audef hacia vos...? Nooo, yo ni comento eso. Es un gremio, en realidad no es un gremio es una asociación, de la que yo no participo y no tengo nada que decir ni comentar. De los entrenadores con los que trabajaste ¿Referentes, maestros, quiénes te enseñaron? Uno siempre aprende de todos, pero las enseñanzas que más me marcaron fueron las de un entrenador joven en el Gremio, el año que ganamos todo, Waldir Espinoza, la manera con que encaraba el grupo fue una gran enseñanza. ¿Cuál manera? Decirle al jugador desde el primer día cuál es el camino que se va a recorrer y no apartarse del mismo. Que el jugador sepa que hay un camino y que independientemente de cómo vayan las cosas, uno no se aparta. Es la mejor pauta para que los jugadores sepan que uno es fiel a los principios y que no se maneja por resultados ni por presiones externas. Cuando se marcan las pautas desde el primer día, después es todo mucho más fácil. ¿Te considerás un entrenador con estilo definido o la vas formando? Tengo un estilo definido. ¿Cuál es? Franco, directo y con las cosas bien claras. Se sabe a dónde apuntamos y lo que puede y debe dar cada uno. Después lo dará o no, de acuerdo a los rendimientos. La verdad del fútbol son los jugadores. Lo otro es todo complemento. Algunos complementarán más, otros menos. Pero la gran verdad son los jugadores. ¿Es nomás elegirlos, entonces? No. Elegirlos y que jueguen. Que cuando tienen que jugar, jueguen. Les ponés la camiseta de titular para que jueguen. No es sólo elegirlos. Hay que lograr que den todo de sí. Hay una gran verdad que dice Carrasco. Acá la mayoría de los jugadores entrena, no juega . Se olvidan que el domingo es de jugar, no de entrenar. Hay que jugar. ¿Entonces es fundamental la relación con el jugador? Sí. Y en esa relación,
¿creés que estás logrando transferir lo que eras
como jugador? Sí. Hay continuidad. Es mi manera de ser. ¿Tenés algún sistema para transmitir eso? La franqueza. El jugador entiende las cosas muy rápidamente. Hay que hablarle con claridad, con pocas palabras y no adornarla. El jugador es muy práctico. Hay que decirle directo los errores y las virtudes que tiene, marcarle los defectos y así se hace todo más fácil. ¿Tampoco como entrenador irías a Peñarol? Como jugador siempre te negaste, por mejores ofertas que te hicieron. Tampoco. Tengo grandes amigos hinchas de Peñarol, incluso en la actual directiva de Peñarol, pero yo siempre digo que en el fútbol internacional son profesional, pero en el fútbol uruguayo soy pasional. La última, Hugo. Lo que más te haya quedado marcado de tu Nacional. La marca de la campaña del 88, el partido final. Nunca un equipo uruguayo, desde que yo tengo conocimiento del fútbol y he visto a los equipos uruguayos, ganó con tanto juego como ganamos nosotros en el 88. Nunca había habido tanta supremacía y una demostración de tanto fútbol como la que hicimos ese día contra Newells. Es una marca tremenda para Nacional.
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