¿COSA DE MACHOS, EL FUTBOL?

Publicado en el Semanario Brecha                                     Guillermo Reimann

Mujeres que ganan la cancha

Son 40 millones de mujeres las que ya se echaron a correr tras la pelota. El fútbol femenino crece en todo el mundo; la FIFA ya olfateó el negocio y lo ha impuesto como obligatorio en sus dominios. En Uruguay -cultura machista mediante- la cosa va lenta, claro.

    Para la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA), en orden de importancia, el fútbol femenino ocupa el segundo lugar; le sigue al fútbol masculino de mayores pero está por encima del practicado a nivel juvenil. El sorprendente crecimiento que ha venido teniendo en todo el mundo el fenómeno de las mujeres jugando al fútbol provocó que, rápidamente, la entidad rectora de este deporte no sólo lo adoptara e impulsara sino que lo ha impuesto como obligatorio en los 103 países asociados.

La expansión del fútbol femenino, en el correr de los años noventa, ha batido récords de crecimiento: nunca antes un deporte había obtenido un desarrollo tan vertiginoso a escala mundial. Actualmente la FIFA tiene registradas 40 millones de futbolistas mujeres organizadas. Una cifra significativa si se tiene en cuenta que suman 120 millones los jugadores que componen hoy el fútbol masculino al cabo de casi nueve décadas de existencia internacional organizada.

PIONERAS NORDICAS. Si bien en Europa es practicado desde los años setenta, el puntapié inicial del fútbol femenino en la cancha grande fue dado por las noruegas en el Congreso de FIFA en 1986, en México, cuando se disputó el campeonato mundial. Las mujeres nórdicas reclamaron atención para la rama femenina del fútbol y el persistente del organismo, el brasileño João Havelange, accedió a la realización de un torneo experimental que tuvo lugar en 1990, en China. El éxito fue tal que al año siguiente, también en China, el fútbol femenino quedaba oficializado por FIFA en el primer mundial que consagró campeona a la selección de Estados Unidos.

Por cierto que los empresarios de FIFA vislumbraron el fabuloso filón que ese éxito auguraba: se trataba de duplicar, en un plazo relativamente corto, la segura rentabilidad que aporta el consumo masivo del fútbol en todo el universo. Noruega obtuvo la segunda copa mundial jugada en Suecia en 1995 -siguiendo con el régimen de disputa cada cuatro años-, y el responsable del Comité Femenino de FIFA, el danés Poul Hyldgaard, comunicó el aumento de 12 a 16 los países participantes en el tercer mundial de 1999 a jugarse en Estados Unidos.

El otro paso fundamental que terminó de incorporar el fútbol femenino a la superestructura del deporte universal fue dado en Atlanta 96: 88 años después que sus pares rivales, el Comité Olímpico Internacional (coi) dio el visto bueno y las mujeres saltaron al césped futbolero de los Juegos Olímpicos.

Fue todo un éxito: en Atlanta las mujeres convirtieron más goles que los hombres, cometieron menos faltas, jugaron un tiempo útil superior y, por si fuera poco, recaudaron más dinero, dado que en Estados Unidos es preferido el soccer femenino al masculino. De este modo se ratificaban las conclusiones que el mundial de Suecia había dejado en la entidad directriz: "La impresión predominante en Suecia fue que el fútbol femenino es muy activo, entretenido y que progresa continuamente. Se volvieron a evidenciar todos los aspectos positivos de China, particularmente el espíritu del fair play, la proyección ofensiva y la alegría pura por el juego", podía leerse a fines de 1995 en un editorial del órgano oficial de FIFA.

Japón, Europa, Estados Unidos y China son los centros de mayor desarrollo del fútbol femenino. En Japón, al igual que en Estados Unidos, es más exitoso que el fútbol masculino, y actualmente el profesionalismo femenino nipón equivale a la meca italiana de la rama masculina: una futbolista de la liga japonesa percibe, promedialmente, 500.000 dólares al año.

MUCHO MACHO. Las zonas de mayor retraso del fútbol femenino corresponden a América Latina, Africa y los países asiáticos del Islam. La lenta difusión en estas regiones está vinculada a realidades socioculturales, en particular al papel de la mujer en esas sociedades y a su escasa participación en actividades deportivas. De todos modos, los cambios ocurridos en otras latitudes y, sobre todo, la política compulsiva de FIFA -que conminó a las diferentes asociaciones miembros a incluir el fútbol femenino en sus programas, so pena de quedar al margen de cualquier otra actividad oficial- permiten suponer una evolución general inexorable del fenómeno. El suizo Joseph Blatter, secretario general de la FIFA, es quien ha previsto que para el año 2010 habrá tantas mujeres como hombres jugando al fútbol.

Entre los países sudamericanos fue Brasil el que primero recogió el guante siendo representante en solitario de la región en los dos mundiales disputados, aunque son relevantes los avances en otros países, como Perú, donde el fútbol femenino cuenta con la esponsorización de la empresa Aerolíneas Peruanas, o Chile, que presenta un movimiento en marcado ascenso con 300 equipos organizados y compitiendo.

En el Río de la Plata, cuna del fútbol sudamericano, la pasión social por este deporte parece intrínsecamente ligada a las convenciones machistas predominantes. Tradicionalmente, la práctica del fútbol ha sido "cosa de hombres" y la evolución acompasa a la ideología. En Argentina el fútbol femenino está oficializado desde hace seis años, pero recién en 1996 se produjo un crecimiento de seis a 20 equipos. En la voluminosa prensa futbolera de la vecina orilla las mujeres no cuentan. Pruebas al canto: un hito que bien puede considerarse histórico como el primer clásico rioplatense jugado el 3 de febrero de este año en Mar del Plata -en donde Argentina venció por 3 a 1 a Uruguay- pasó prácticamente inadvertido en las publicaciones especializadas porteñas.

La práctica del fútbol por mujeres en Uruguay data de la década del setenta por más que nunca alcanzó un grado de organicidad significativo. Su existencia se ha venido limitando a clubes -como Rampla Juniors- o ligas barriales, tanto en Montevideo como en el Interior. El salto organizativo -presión externa de FIFA mediante- se produjo en 1996 con la creación del Departamento de Fútbol Femenino de la Asociación Uruguaya de Fútbol presidido por la profesora Matilde Reich.

Actualmente están fichadas en la auf 266 jugadoras agrupadas en una decena de clubes de la capital que disputan el torneo local; a su vez, está conformada la selección nacional, que se apronta para las eliminatorias que clasificarán para el mundial de Estados Unidos, en 1999. En esta primera etapa el trabajo es fundamentalmente organizativo: ordenar y estabilizar una estructura de equipos en condiciones de competir, evitando prácticas desleales, como por ejemplo que una misma jugadora defienda a más de un club simultáneamente.

LOS MANYAS NO SE RINDEN. No todas las instituciones de la auf se mostraron abiertas a incorporar de buenas a primeras el fútbol femenino; las ausencias más notorias son las de Defensor Sporting y Peñarol. El presidente aurinegro, contador José Pedro Damiani, se opone tajantemente a que "haya mujeres en Peñarol". Tampoco ha tolerado Damiani que otro club -el denominado Aurinegro, de Canelones- utilice el nombre de Peñarol. Este tipo de "representación" en nombre de clubes de la auf ha operado en otros casos: un núcleo de mujeres de Shangrillá empezó defendiendo el nombre y los colores de Central Español; San Francisco de Las Piedras se fusionó a River Plate de Montevideo y Wanderers de Minas hizo lo propio con su homónimo capitalino.

Según cálculos de los responsables de la auf existen en todo el país unas 3 mil mujeres que en forma inorgánica juegan al fútbol; es un objetivo del Departamento procesar la organización e integración, a la vez que difundir y promover el fútbol femenino "lo más posible". Por ahora es a partir de los 14 años que una chica puede practicar el fútbol en forma oficial, pero ya existen planes para la creación de una categoría juvenil para niñas de 8 a 12 años en el ámbito de aufi (Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil). Las edades de las 266 jugadoras que actualmente están fichadas en la auf se discriminan de este modo: 198 son mayores de 19 años; 52 tienen entre 16 y 18 años, y 16 tienen entre 14 y 16 años.

VAMO' ARRIBA LAS CELESTES. La selección uruguaya que se entrena para disputar este año las eliminatorias del mundial de Estados Unidos en 1999 está compuesta por 18 futbolistas pertenecientes en su mayoría a los clubes Rampla Juniors, Cerro y Danubio. Su director técnico es el profesor Aníbal Gutiérrez Ponce, el ayudante de campo es Jorge Burgel y el resto del cuerpo técnico lo integran la doctora Luci Olivieri, la fisioterapeuta Adriana Laguarda y la psicóloga María Rosa Silva. Entrenan tres o cuatro veces por semana en sesiones de fútbol, trabajo físico y de musculación, aunque en las condiciones precarias que son conocidas en el medio uruguayo: carecen de cancha propia, equipos adecuados, locomoción, etcétera. El financiamiento de la selección es un serio problema que el Departamento viene procurando atenuar a través de alguna esponsorización.

Contrariamente a otros países sudamericanos, en Uruguay todavía no hay mujeres árbitros de fútbol. En este renglón el retraso es más pronunciado puesto que los torneos internacionales femeninos en su mayoría son arbitrados por mujeres prácticamente de todos los continentes. Actualmente 13 mujeres están haciendo el curso de la Escuela de Arbitros uruguaya, lo que supone una participación de egresadas a corto plazo. No se cuenta -y por el momento tampoco hay aspirantes- con mujeres para la dirección técnica de los equipos. A nivel de prensa deportiva el fútbol femenino uruguayo parece contar con mejor figuración que el argentino: periódicamente hay información de la actividad en algunos diarios y en espacios deportivos radiales.

En el escaso desarrollo que se observa en los países sudamericanos -además de los atavismos culturales que vinculan al fútbol con la figura del macho-, tiene también mucho que ver la política seguida por la Confederación Sudamericana de Fútbol que poco y nada contribuye a estimular el fútbol femenino entre las asociaciones respectivas. Obtener de FIFA dos o tres plazas para Sudamérica en el próximo mundial parece ser un objetivo aceptado a regañadientes por las autoridades de Asunción, no hay señal alguna de interés por promover otras competencias dentro del área sudamericana. Está claro que, también para el doctor Nicolás Leoz, el paraguayo que preside la Confederación, el fútbol es cosa de hombres.

Pero los dados parecen estar echados y todo hace prever el incremento del fútbol de mujeres en todas las latitudes. La presión que ejerzan las propias interesadas, desde abajo, y el respaldo de la FIFA y del coi, desde arriba, cierran la ecuación. La equiparación que Joseph Blatter pronostica para el año 2010 se advierte en los editoriales de la FIFA: "Nadie en la comunidad mundial del fútbol puede darse el lujo de quedar atrás a medida que el fenómeno del fútbol femenino continúa ganando terreno. El futuro es femenino". Y si lo dicen los dueños del circo.