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DECANO
JULIO DE 1992 "No quería perder ni a la bolita" |
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Nació en Montevideo el 21 de abril de 1923, casado con Margarita Jaume, cuatro hijos: Luis Ernesto, Eugenia, Alberto Daniel y Aníbal Francisco. (Luis Ernesto por “Mandrake” y Aníbal por Paz). Conocido como el “Huevo”, apodo que le pusiera Luis Ernesto Castro, quedó en el mejor recuerdo de los hinchas tricolores por su dilatada campaña defendiendo la blusa alba, muy especialmente por sus duelos clásicos con Ghiggia donde salió siempre airoso. Asiduo concurrente a la Olímpica, en el tercer tramo, se juega sus partidos aparte contra los nervios al ver a su querido Nacional. La
invitación a la nota fue espontánea como también
lo fue su respuesta afirmativa y nos citamos para
hablar de fútbol. Aquí resumimos el resultado de
ese diálogo, porque si no lo hiciéramos, tendríamos
que dedicar un ejemplar de la revista para plasmar
en palabras las anécdotas de doce años en el
Club como jugador (siete títulos uruguayos más
el del ’48), su etapa en las selecciones
nacionales, su función como director técnico en
las inferiores y su pasaje como funcionario de la
Institución. “En
mi casa somos todos hinchas de Nacional menos mi
hermana Eugenia, pero después que empecé a jugar
era de Nacional. Mi nieto apenas nació ya era
socio. Mi viejo era hincha a muerte de Nacional,
yo jugaba en Wanderers, pero nunca me iba a ver
jugar, él iba a ver a Nacional. Mi vieja un día
fue el fútbol y dio la mala suerte que perdimos 1
a 0. Nos fuimos después del partido para casa y
estábamos tomando mate todos reunidos comentando
la mala tarde y dice mi madre: pero cállense la
boca si ganamos por siete goles. La viejita creía
que cada vez que gritaba gol la hinchada era
porque se había convertido, olvidándose que a
veces se erran. ¿Cómo
fueron tu comienzo? En
el Deportivo Juventud, en la divisional B, en
1944, como centre half. En
el 46 en Wanderers
y en 1947 pasé a Nacional, junto con
Walter Gómez. El
Manco Castro. No tengo palabras para decir lo que
era el Manco. Para mí un fenómeno, un tipo
extraordinario. Una vez contra Rampla íbamos
empatando el primer tiempo 0 a 0 y en el intervalo
nos reúne y le dice al “Nene” Rial: Ud. está
jugando para ellos. Ábrase una vez y que Souto
vaya a su lugar. Y Ud. “Huevo” meta la pelota
sin mirar al punto del penal. A los 10 minutos íbamos
ganando 2 a 0. Las dos jugadas iguales. Después
el mejor técnico que tuve fue Enrique Fernández.
Me llevaba al estadio los días que jugaba Peñarol
y me pedía que observara a Ghiggia. Después me
preguntaba qué había visto. Me explicaba que
siempre se iba
por la punta después del amague, nunca
hacia adentro. Tápele la raya, me decía. Y así
lo aprendí a marcar. ¿Siempre
jugaste de half izquierdo en Nacional? En
Nacional jugué en todas las posiciones de la
defensa, pero generalmente de half izquierdo. ¿Cuál fue tu mayor alegría deportiva? Mi mayor alegría deportiva fue cuando le ganamos a Peñarol 3 a 2 después de ir perdiendo 2 a 0 con los tres goles de Martino y el último de taco. También
tengo un recuerdo inolvidable del partido con los
ingleses en el ’53. Tenía que marcar a Finney
que era su mejor jugador. Cuando terminó el
partido dijo la prensa que había muerto contra la
raya.. Lo marqué casi sin tocar la pelota, sólo
a colocación. ¿Qué otro clásico podés recordar de ésa época? El clásico de mi debut. Yo iba a jugar en la reserva de centre half y me mandaron concentrar. Contesté que para jugar en reserva no concentraba y me dijeron que jugaba en el primero. Sacaron a Abelleira que era el mejor half que tenía Nacional, pasaron a Gambetta a la derecha y yo a la izquierda. Fue inolvidable. Recuerdo el día que Julito (Pérez) hizo los dos goles, uno a favor y otro en contra. También cuando nos robó Cirillo. Desde que empezó el partido nos insultaba, nos decía: “lo que me hizo Nacional, me lo van a pagar hoy”. Y se lo pagamos nomás. El clásico que saqué la pelota en la raya con la mano y cobraron corner. Yo después lo miraba al lineman y no lo podía creer. El
clásico del día de Reyes. Ese clásico fue
inolvidable. Peñarol nos llevaba 5 puntos y
faltaban tres fechas. Perdió con Defensor, perdió
con nosotros y el último partido empató con Sud
América y fuimos a la final que se jugo el día
de Reyes. Ganamos 4 a 2. ¿Qué recuerdo tenés de Ondino Viera? Un
día me dijo: -Usted está para irse (yo tenía
entonces 34 años) Le voy a hacer un contrato de
primera, pero va a jugar todo el año en reserva.
Lo necesito para que me vaya fogueando a unos
chiquilines. Ud, va a ser capitán y director técnico,
porque yo necesito dedicarme sólo a salir campeón
de Primera. Esos chiquilines era los Núñez, el
finadito Julio (Acosta) y Ciengramos. ¿En que año sucedió eso? En
la temporada del 56. Al comienzo jugaba Villamide
de puntero derecho. Un día se me apersonó Héctor
Núñez y me dijo que a él le gustaría probarse
para determinar si servía o no y dado que su
padre tenía un camioncito de reparto, si no servía
se iba a trabajar con él. Jugó cuatro o cinco
partidos y el resto de la historia es conocida.
Hacíamos de a seis, yo jugaba de centre half.
Después subieron al primero y debutaron contra
Independiente ganando 6 a 1. ¿Cómo Director Técnico cuándo empezaste? En
Nacional, en el año 61, dirigía quinta y cuarta.
En quinta perdí el campeonato en el último
partido contra Huracán Buceo y en cuarta
estuvimos invictos 27 partidos, 114 goles a favor
y 12 en contra. Hablando del fútbol a nivel de la escuela y de la calle, ¿qué opinión tenés del baby fútbol? En
el baby fútbol lo único malo para mí son los
padres. Les gritan: hacé esto, hacé aquello,
entonces los chiquilines que quieren jugar al fútbol
no pueden. ¿El fútbol te dejó un bienestar económico? Si,
la casa, la familia, que es lo más lindo que
tengo. De esa trayectoria que has tenido en el fútbol, ¿te han quedado amigos? ¿Algún nombre en especial? Por
suerte muchos, enemigos creo que no tengo. ¿Admiración deportiva, por quien sentís? Por
Ciocca. A Luis Ernesto (Castro) le tengo un cariño
bárbaro. Por otro que tuve gran admiración fue
por el Tiki Hernández. ¿Un buen compañero? Santamaría,
Carballo, Waldemar González, y de los viejos,
Galvalissi, Aníbal Paz. Había mucho compañerismo,
yo tuve suerte con los compañeros. Cuando vine a
Nacional era un chiquilín, tenía miedo de
entrar, y me quedé a un costado de la puerta y veía
pasar a los muchachos (Atilio, Luis Ernesto...)
hasta que llegó Aníbal y me preguntó: ¿Qué
hace Ud. por acá? Le contesté: pedí pase para
Nacional pero no me animo a entrar. Me llevó
adentro, me presentó a los compañeros y desde
ese momento fui uno más. Antes los viejos te hacían
sentir respaldado en todo momento. ¿Tu relación con el hincha cómo ha sido? Muy buena. Hasta el día de hoy voy por la calle y me saludan: Chau “Huevo”, ¿qué haces “Huevo”? Mal
o bien, sea como sea, son doce años que estuve en
Nacional. Lamentablemente los directivos se
olvidan de eso y ni siquiera me llaman en
ocasiones como la del último aniversario, donde
si habían muchos hinchas de Peñarol. ALGUNAS ANÉCDOTAS
¡DAMELA “HUEVO”! Mi apodo en Nacional era Cuis, el que me había puesto Roberto Porta porque decía que mordía en la cancha. Un día en una práctica, Luis Ernesto me gritó. ¡Damela “Huevo”!, ¡Damela “Huevo”¡ Crucé
la cancha de lado a lado para ver qué le pasaba y
me dijo: si a tu padre le dicen “Huevo”, vos
también sos “Huevo”. De ahí es más me quedó
el apodo. Hasta mi señora le dicen “Hueva”,
así como a mis hijos y ahora también a mi nieto,
el “Huevito”. EL “GALLEGO” SOUTO Y OBDULIOEn
vísperas de un clásico lo embalaron al
“Gallego” Souto para que lo fuera a conversar
a Obdulio. Como no era nada tímido, apenas
comenzando el partido se le arrimó y le empezó a
decir de todo. Así todo el partido, que ganamos.
Dada mi amistad con Jacinto, cuando terminó el
partido lo fui a saludar me dio una cachetada y se
armó flor de lío LA HINCHADA Y EL BARROJugábamos
contra Defensor un partido bajo lluvia, íbamos
ganando fácil 5 a 1 en el segundo tiempo y estaba
todo el mundo embarrado de pies a cabeza menos yo
que estaba como si recién hubiera salido del túnel.
El partido daba para todo y una barrita en la Olímpica
empezó a gritar que me embarrara. Viene un pase
para Willi Píriz, me toca la pierna y volé como
5 metros. Fue el delirio de la hinchada porque
quedé negro. |
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