Bolsilluda hasta la muerte

Rosa Luna  

  Cuentos publicados
El Descubrimiento -  Prof. Leonardo Garet
EL “GENERAL” DON MANUEL ROVIRA URIOSTE Y SU ÉPOCA   Dr. José María Delgado

Juan Polti -Half back  Horacio Quiroga
Bolsilluda hasta la muerte - Rosa Luna
El Habitante - El Hachero
 según cuenta, “de profesión vedette, nació allá por los cuarenta en el conventillo Medio Mundo”.  Autora del libro autobiográfico “Sin tanga y sin tongo” (1988).

     Ha llegado el momento de hablar con detalles de Nacional. El Glorioso Club de la calle 8 de Octubre. El más grande, más lindo, el mejor...

     Opino que para ser hincha de un cuadro hay que sufrir cuando él sufre. Y gozar cuando se dan los éxitos. Esos somos pocos. Bolsos o manyas. Pero también están los simpatizantes. ¡Y cómo ligan! Los dirigentes “cajetillas” de mi Club, homenajearon a a varios socios que por el Estadio, “bien, gracias”. Qué vamos a hacer. El “abolengo” lo puede todo.

     El destino quiso que tuviera de vecino a un crack como Luis Ernesto Castro (jugaba a la “globa” en su puerta), que junto a la “Chunga”, mi vieja, inyectaron en mis venas azul y blanco al rojo de la sangre. Con 10 años ya iba a la Amsterdam del Centenario. Palpitaba la alegría de un gol. Insultaba a los jueces (desde ‘cuervos” a “ladrones” pasaba por todo el diccionario futbolero). Que taparan “con diario” los rivales que se revolcaban haciendo “bulla”. El “ole ole”. “dale Bolso, dale Bolso”, y retornaba afónica al rancho. A veces llorando. Alentaba ídolos como “Ciengramos”, Atilio y Walter Gómez. La garra del “mono” Gambetta. Más adelante amigos: “Cococho”, Baeza, el “Cala” Mendez, Eliseo Alvarez. El “Loco– Pepito Urruzmendi (compañero de baile), el “Tornillo” Viera, el “Peta” Ubiñas. “Cascarilla”, “Palito” Mamelli Roberto Sosa. Amigos de la Platea del fútbol, de la calle. Fenómenos de la talla de Celio, Yaburú, Manga. Jorgito Manicera que me tenía con el corazón en la boca haciendo “chiquitas” en el área. El “Marqués” Sosa, el taquito de Sanfilipo a Danubio. Los goles de Artime. La polenta del ‘Mudo” Montero Castillo.  Los zurdazos de Juan Martín. Los pulmones de Victor. Los gritos del “Pulpa”. Las moñitas de Cubilla. La simpatía del “Patilla” Prieto. La cabeza salvadora del “Chueco” Masnik con Estudiantes. Ildo, el “Cacho”, la atajada de Rodolfo en la hora contra el Inter.

El Hugo, Victorio. Juan Ramón...

     Aquellos festejos cuando en la mesa del Presidente bailaba candombe y nos bañábamos en champagne. Tiempos de Pons Etcheverry, donde dirigentes, hinchas y jugadores éramos uno solo. Continuaron esa senda Don Miguel Restuccia y Dante Iocco, que me permitió el honor de recibir con tamboriles en el Parque Hotel los primeros americanos que llegaron a la Institución. Basquet que me tuvo en las gradas desde Cuarta a Primera, Y cuando habla que “meter manos”, éramos un grupito que espaldas con espaldas defendíamos los intentos de atropello de los locales “duros” de este deporte.

     El mismo grupo que fue contra Palmeiras, al Beira Río, contra el Inter y que en La Plata o Avellaneda apretando los dientes parábamos los embates de quinientos. El de las históricas “grescas” con la “manyada”, a pie firme, donde recular significaba una derrota aunque en el campo fuera victoria. Todo por amor a una causa, con tres colores y poder de convocatoria que jugadores brillantes, sin berretínes, guapos afuera y adentro del campo tenían con la hinchada. No necesitaban de ese respaldo para ganar, pero valía la pena nuestro esfuerzo. Los “chichones” y los “ojos negros” era poco para lo que merecían.

     El día que cuando ingrese Nacional a la cancha y la piel no se me ponga de gallina, será mejor quedarme en casa a escucharlos por la radio y sería una pena.

                                                      Extraído del libro Sin tanga y sin tongo.