Publicado en la Revista Decano en febrero de 1993

Aníbal Paz

El emperador del arco

 

   La cita fue en la Sede, la segunda casa de Aníbal “el grande”. El hombre que manifestó en julio de 1943 –“con el agitar de los pañuelos blancos, todo es posible”- relató sus vivencias deportivas. Todo un símbolo nacionalófilo.

Ud nació en Montevideo; ¿Entonces por qué le dicen "Canario"?
Nací en el Prado. A mi me dicen "Canario" porque en los veranos para ir a practicar a la cancha de Liverpool (estaba al lado de la cancha de Bella Vista) atravesaba todo el Prado y mi madre no me dejaba ir si no me ponía el sombrero de mi padre que era estilo Borsalino. Llegaba a las dos cuando los partidos eran a las cuatro y me sentaba debajo de los árboles. Cuando empezaban a llegar los jugadores del primero decían entre ellos “mira debajo del ombú hay un canarito”. Me preguntaban que hacía y les dije que iba a practicar, entonces ellos me decían: vení a cambiarte canarito y de ahí me quedó.

¿Ud. se inició en Liverpool?
Si, me inicié en Liverpool donde me quedé hasta los quince años (nací en 1917), de ahí pasé a Bella Vista hasta que en el año 1938 pasé a Nacional.

¿Cómo surge su pase a Nacional?
 Fui a Perú como suplente de Granero en el combinado uruguayo. Nacional estaba buscando un golero. El presidente era Atilio Narancio y se decidieron por mí que fui recomendado por Roberto Porta. No contrataron a Granero que era el golero de Central y tenía más experiencia y trayectoria.

¿Cuánto costó su pase?
Mi pase a Nacional costó $ 45 000 que fue récord. Suplanté en el arco de Nacional al flaco García y a Velis un golero que era de Carmelo. Tenía 21 años cuando llegué al club.

¿Qué recuerda de su primera práctica en Nacional?
Las prácticas eran en el Parque y fui muy bien recibido. Había excelentes jugadores y al poco tiempo debuté contra Wanderers. Cuando llego a Nacional estaba Ciocca, Porta, Luis E. Castro, Atilio y muchos más. Ese campeonato había que ganarlo porque en el 38 había sido campeón Peñarol.

¿Quién era su suplente?
Velis y después Peñalva.

¿Recuerda su primer clásico?
Perfectamente; ganamos 2-0. Recuerdo que hacía un calor terrible y yo sentía un frío espantoso. Me decía: ¿dónde me metí?. Dios me iluminó porque me salió la primera jugada bien y quedé tranquilo. Había 50 000 personas. Peñarol tenía buenos jugadores como Camití, Severino Varela y otros. El diario “El Plata” al otro día puso “Salvó el examen, dió la lección de memoria”. En realidad tuve suerte.

¿Se sentía respaldado por la parcialidad?
Desde el primer momento, jamás me silbaron, ni me criticaron y eso que tuve partidos muy malos.

¿Cómo eran los contratos en aquella época?
Después del año 41 en que terminamos invictos, la directiva presidida por Gorriti me llamó para renovar contrato. Me dijeron: -Tenemos un déficit de 80.000 pesos así que pensamos rebajarte de 1.400 pesos a 1.200 y espero que encabeces la lista de los que lo acepten en el plantel.
-¿Me están hablando en serio? Fue mi pregunta. Por favor preciso N$ 200 pesos más.
-De ninguna manera. Yo sabía que atrás mío habían 5 goleros esperando su oportunidad y decidí aceptar. Ese año se le rebajó la paga a todo el plantel. ¿Qué le parece?. Sin embargo no hubo problemas con los dirigentes, eran bellísimas personas.

¿Qué recuerda del 6-0 a Peñarol?
Fue una gran performance de nuestro equipo, única, hacerle 6 goles a aquel equipo de Peñarol era difícil.

¿Qué partido recuerda en especial?
Jugaba en el seleccionado y un 18 de Julio por la Copa Lipton le ganamos a Argentina 3 - 0. No iba a jugar pero el titular se sintió mal y entre yo. Ese día tuve mucha suerte porque no me podían hacer el gol por ningún lado. El director técnico era el Vasco Cea.
En un momento dado entró Moreno de frente con la pelota y un compañero le dijo que me pateara y él respondió: “que querés si no le puedo hacer el gol”
Fue un día que me salió todo.

¿Cuántos años salió campeón uruguayo?
Jugué del 39 al 53 y salí campeón uruguayo en 9 oportunidades y en el 48 se paró el campeonato por la huelga y nos declararon primeros pero no campeones.

¿Cómo eran los clásicos de antes?
Se jugaba al fútbol y había franqueza en el juego, no te iban a dar como se hace ahora en forma premeditada. Se jugaba a muerte pero no desleal. Había algún desleal pero no tantos como ahora.
Hoy hay jugadores que los echan 4 o 5 veces por año, esos jugadores no pueden jugar porque destrozan un equipo y al espectáculo. Hoy en día no voy al fútbol aunque siempre lo escucho.

¿Qué nos puede decir de la delantera del quinquenio de la cual tanto se habla?
Fue una línea de forwards excepcional, no eran personas que se reían del contrario, no eran violentos, sabían jugar al fútbol.
De Atilio decían que solo hacía goles y es mentira porque sabía jugar. Cuando iba a buscar la pelota arriba era imparable, con una potencia que si chocabas con él era como que te dieran un garrotazo, tenía además un pique que no lo agarraba nadie. Un superdotado.
Le dieron patadas y le hicieron de todo y jamás dijo nada.

¿Cómo era la relación con los compañeros?
Éramos todos amigos, nunca en los 14 años que estuve ahí sentí una pelea o una discusión entre nosotros.
Había un respeto total entre todos y la relación personal era excelente, no había grupitos. El Manco Castro era un tipo excepcional como técnico y como amigo. Era una familia, no sé si era otra mentalidad o que, pero era una familia.

¿Cuál fue el mejor director técnico que tuvo?
El Manco Castro, sin desconocer las virtudes de otros técnicos muy buenos que tuve.
Tenía un conocimiento brutal. El primer año del quinquenio estaba como técnico el ingles Reaside, pero la final la dirigió el Manco que también estuvo los otros cuatro años.

¿Por qué los jugadores eran más fundamentados que los de ahora?
 
Se nace, se dice que se jugaba más lento, que no se marcaba y que no se corría. Eso no es así, hoy entrenan mucho más que antes y yo no veo la tal mentada velocidad. Antes había campitos que ahora no hay, usted va por la calle y ve varios chiquilines jugando al fútbol y a uno de esos lo ven como un futuro crack, pero para ser crack hay que nacer.
Antes había campitos por todos lados. Hoy se juega al baby fútbol, no estoy ni en contra ni a favor del fútbol infantil.
Se juega con siete jugadores donde los técnicos les gritan permanentemente, los acosan y entonces no los dejan pensar, no los dejan crear.
A los niños los tratan como profesionales. En realidad ellos tiene  que ir al baby fútbol a intentar jugar, porque el fútbol es un juego. No hay domas, el Manco hacía domas siempre.

¿Cómo se entrenaba antes?
El entrenamiento eran las horas de gimnasia, luego peloteo y fútbol, esto tres veces por semana, yo venía toda la semana. Se salía a correr con el preparador físico, el que más recuerdo era Servetti Mitre.
Se hacían domas dos o tres veces por semana, la doma consistía en que cada uno hacía lo que quería, yo era arquero y jugaba adelante.

¿Cómo se entrenaba un golero?. ¿A Ud. le enseñaron a salir?
Me entrenaba con un boxeador, canillita que dirigió a Bella Vista, se llamaba Galeano Migares quien fue el que me enseño todo. Yo vivía al lado de la Fabrica de Agua Jane. Había un campo, me hizo hacer un arco de medidas reglamentarias, y él venía todas las tardes a entrenarme sobre todo cuando en Nacional tenía bajones.
El secreto del golero esta en salir bien del arco, porque debajo de los tres palos atajan todos, pero hay que saber salir. Hoy en día no se enseña a salir y entonces los muchachos de las inferiores no saben medir la distancia para atrapar la pelota.
Si el golero sale caminando y luego da tres pasos rápidos y salta, las pelotas son todas de él. El arquero tiene que hablar con los defensas, los tiene que dirigir, a mi me decían que estaba loco porque hablaba todo el partido.

¿Quién tiene que enseñar a salir al arquero?
El entrenador de arqueros. Tiene que ser alguien que cuando jugaba salía bien. El director técnico del equipo le puede enseñar  al arquero como pararse o como sacar pero nada más.
Yo no puedo enseñar a salir al arquero si yo no sabía, porque el golero sabe todo menos salir, salir es lo único que se le puede enseñar. Es fundamental tener un entrenador de goleros

¿Ud le enseño a salir a Manga?
Cuando Manga viene a Nacional le digo a Zezé, (era su ayudante), que Manga no sabía salir porque lo vi por TV en el Mundial de Inglaterra.
Zezé me encarga el trabajo, y me encontré con un hombre que tenía unas condiciones excepcionales para salir.
Manga en dos meses era un fenómeno, no porque yo le enseñé, sino porque captó todo enseguida, dominaba el arco de todos lados, tenía un físico privilegiado y unas manos enormes. Si aprendió de veterano, como no van a aprender los chiquilines. Era un fenómeno.

¿Usted cuando jugaba al fútbol, trabajaba?
Trabajaba 8 horas, en Usinas y Teléfonos del Estado, iba a trabajar en el camión de UTE. Me llevaba a entrenar el cabezón Romero y luego me llevaba otra vez al trabajo. Durante toda mi carrera de jugador fui funcionario de UTE, trabajé con pico y pala y en oficinas. Tenía autorización parar salir de UTE dada por el Dr. Ruben Trelles.

¿Cuál fue el mejor arquero que usted vio?
Juan Bautista Besuzzo, un arquerazo, yo jugaba en Liverpool y lo iba a ver cuando jugaba en Wanderers. Era un ballet.

¿Máspoli?
También era un buen arquero, pero Besuzzo fue el mejor de todos. Era inimitable.

¿El mejor que vio en Nacional?
Mazzali, el flaco Eduardo García y Manga.

¿Qué diferencia hay entre el profesionalismo de ahora y el de antes?
Más allá de que antes se jugaba por dinero, también se jugaba por la camiseta, hoy no hay mucho problema de pasar de un grande a otro. Eso trae gran dificultad en generar ídolos.
Leofar Camera que era un gran tipo fue el primero en pasar de Nacional a Peñarol como profesional y la gente lo tomó mal.
Lo trataban como un traidor. Hoy hay mucho dinero en juego y entonces la gente se ha adaptado a ver jugadores en los dos equipos grandes.

¿Viajó con Nacional?
Con el fútbol conocí  Brasil, Argentina, Perú y Chile. No hay que olvidarse que eran épocas de guerra.

¿Ud estuvo por ir al Flumínense?
Venía de Perú con la selección y jugaba en Bella Vista. Fui de suplente al Sudamericano, cuando vuelvo y bajaba del vapor me esperaba la gente del Flumínense y Scarone, pero en aquellos tiempos decidían los padres.
Le dije a mi madre que me esperaba el presidente de Fluminense y Héctor Scarone. Mi mamá me dijo que yo no iba y no fui. Era otra época. Uno no mandaba ni aún casado.

¿Alguna anécdota?
En la final del 52 íbamos ganando 2-0, se produce un penal contra Nacional y lo tiraba Obdulio Varela. Pensé: “Este negro me lo tira a la derecha” y me tiré para ese lado. La pelota salió para adelante y entraba solo el patrullero Vidal.
No me podía levantar porque estaba ahogado y empecé a patalear, la pelota me dio en la canilla y se fue afuera, al otro día la prensa expresaba: dos atajadas excepcionales.

¿Cómo era la prensa?
La prensa de esa época era media cruda con Nacional, tanto como lo es ahora. Recuerdo que un partido previo a un clásico jugué mal y un periodista puso en un diario: “Esperamos que se rehabilite de la pésima actuación anterior”. No podía aceptar que un cronista esperara algo de mi cuando ya lo había comentado una semana antes. Los cronistas tiene que tener tacto. A veces son demasiado agresivos y los jugadores son seres humanos que se pueden equivocar.

¿Cuál fue el relator que más le gustó?
El que más me gustó por lejos fue “Carlitos” Solé.

¿Cómo era Walter Gómez?
Era un gran jugador, simplemente un fuera de serie. Todos los jugadores saben jugar al fútbol pero hay unos pocos que sobresalen porque son tocados por la varita mágica. Hay jugadores que nacen para desnivelar.

¿Económicamente Nacional le dio algo a usted?
Me dio todo lo que tengo, me dio mi familia que la conseguí gracias al fútbol, mis hijos que les pude dar una educación, (uno es profesional y los otros son comerciantes). Si no hubiera sido por Nacional mis hijos no podrían haber estudiado. A Nacional le debo todo. Siempre lo digo, me dio vida y alegría.

¿Usted de chico era hincha de Nacional?
Si, pero mi padre no. Mi padre que era hincha de Peñarol quería que yo fuera gratis a Peñarol pero yo me vine a Nacional. Le expliqué a mi padre que éramos una familia humilde y que necesitábamos dinero. Mi padre nunca me fue a ver jugando en Nacional.

¿Ud. tiene un hijo hincha de Peñarol?
De los 4 que tengo me salió aurinegro Germán (el Chango). Yo vivía en la calle Asencio y había un verdulero que le decía: “Changuito, te doy una banana si gritas Viva Peñarol”, y así en base a bananas me lo hicieron peñarolense. Qué vamos a hacer. Aunque él en fútbol nunca se mete.

¿Usted luego de retirarse fue técnico?
Estuve con Zezé de ayudante y dirigí arqueros en tercera, cuarta y quinta. No me entendí porque los preparadores físicos después que yo entrenaba a los arqueros los volvían a entrenar. Eso no me gustó y me fui.

¿Qué es para usted tener su foto en la sede?
Es una alegría que se acuerden de uno, yo vengo todos los días a la sede.
Me alegra que el club se acuerde de los jugadores que defendieron el club como en mi caso que lo hice durante 13 años.